Las épocas en las que un paradigma ideológico y social entra en crisis, las fuerzas que lo sostienen ven menguado su poder y nuevas ideas encuentran un terreno más fértil en el que crecer. Son épocas fascinantes. Usualmente, para ser sinceros, nada cambia en esencia. Como en las películas de Berlanga, mucha gente se mueve de un lado para otro en aparente confusión en escenas muy entretenidas, pero en las que al final no pasa nada en realidad. Es el espabilado de turno, no el que tenga más hambre, el que se queda con el pastel. Puede que unos vean incrementado su poder y otros lo vean reducido; un nuevo poder, acaso detentado por otras gentes o bajo unos nuevos criterios, se impone. El pragmatismo, por su propia naturaleza tautológica se impone siempre. La sensación de cambio inminente, sin embargo, es una fuerza poderosa que empapa los sueños de muchos y, como cada vez que mucha gente se dedica a algo en concreto, una pequeña minoría entre esa gente tienen el talento y el carisma necesarios para que sus sueños, sus quejas y sus ideas o su forma de expresarlas, tengan valor por sí mismos.
Quizás la última de esas épocas que ha dejado huella en la cultura popular fuese la de los años 60 del pasado siglo, con el movimiento hippie como fenómeno más idiosincrásico. Dentro de la música popular –que es lo que nos ocupa– una de las artistas más peculiares y comparativamente menos conocida de las que se puede englobar en ese movimiento es la invitada a esta edición de la canción del viernes, Buffy Sainte-Marie. La canción es "Universal Soldier", uno de los himnos pacifistas de la época, a la altura del "For what it's worth" de Buffalo Springfield o el "Eve of destruction" de P. F. Sloan en la voz de Barry McGuire. La propia "Universal Soldier" también ha sido interpretada y grabada por otros artistas y quizás la versión más popular sea la del melancólico folkie británico Donovan.
Buffy que, aunque adoptada y criada por una familia blanca, era una india nacida en una reserva –esas juderías modernas que el país más preocupado del mundo por el racismo que es Estados Unidos mantiene aún hoy en día–. Y son precisamente las temáticas relacionadas con su raza y su cultura de origen, al margen de sus cualidades como intérprete, las que le confieren su peculiaridad como cantante folk.
Porque al margen de las canciones de temática pacifista o de expansión mental típicas del folkie hippie medio que –hay que decirlo– hacía tan bien como el mejor, son realmente las canciones inspiradas en la cultura o el pueblo indio (o nativo-americano, por usar la expresión posmoderna al uso), las que destacan sobre el resto por su originalidad. Canciones en las que mezcla la reivindicación y la nostalgia como "Now that the buffalo's gone" o "My country tis of thy people you're dying" en las que ponía un extra de pasión a su ya de por sí intensas interpretaciones y en las que sonaba como una Joan Báez anfetamínica y pasional, con el espíritu guerrero y salvaje que Tina Turner aplicaba al r'n'b o el soul y que más tarde Patti Smith trasladaría a la música rock, sacrificando la elegancia y la compostura en aras de un mayor impacto dramático y emocional.
En definitiva, como decía al principio, en el fondo nada ha cambiado. Sigue habiendo guerras, desigualdades e injusticia, los indios siguen en las reservas y su cultura al borde de la desaparición. Puede parecer que Buffy Sainte-Marie alzó su voz en vano, que sus cantos de rebeldía no fueron escuchados, pero creo que ese es un enfoque mezquino, impropio de los ideales que representa. Quedan las canciones y la emoción de las canciones. ¿Qué otra cosa hay más importante que esa? Quizás, como en aquel cuento de Cortázar, unas palabras de alguien olvidado sirvan algún día como contraseña para otra revolución. Otra revolución condenada al fracaso o a traicionarse a sí misma, como todas. Pero las canciones seguirán resonando. El cuento terminaba así: "Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas". Gritos como las canciones de Buffy Sainte-Marie.

De lo mejor que he leido en mucho tiempo. Hoy estas de una lucidez pavorosa!!!
ResponderEliminarLa cancion la escucharé en un ratito.
Bah, si solo he dicho que Berlanga y Cortázar tenían razón, cosa que cualquier persona de bien con dos dedos de frente puede decir. Ayuda ser un poco jipi-punk, como Neil Young. Y del Atleti...
EliminarBonita y curiosa version.
ResponderEliminar