5 de diciembre de 2014

El presente que nunca llega. The Ed Davis Band

Ed Davis Band. El anonimato como destino de vacaciones
El nihilismo –al igual que su precedente, el estoicismo– niega un sentido determinista de la vida. Su adopción por el movimiento punk del siglo XX lo resume, con ingenuidad y obstinación infantiles, en la negación del futuro (No Future). Es un punto de partida; desde ahí se puede llegar a muchos sitios diferentes. Puede negarse el pasado, puede negarse la propia existencia (o, al menos, exhibir un autodestructivo deseo de anularla). Usualmente se traduce en una rabiosa celebración del presente.


Pero, ¿porqué no negar también el presente? Es una conclusión tan válida y natural como las otras; quizás hasta más lógica, aunque tenga el evidente inconveniente de anular el hecho mismo de la acción, esencial para el punk y uno de los atributos del presente.

Sin embargo, todo apunta a que los invitados esta semana a la canción del viernes profesaban ese tipo de herejía. Pruebas circunstanciales aunque sugerentes. Desde el nombre "Ed Davis Band" –que no es el nombre de ninguno de sus componentes, sino algo que eligieron "por no significar nada ni revelar nada"– a su localización: Cincinnati, Ohio; o sea, algo en medio de la nada borrosa del medio oeste americano que recuerda a la afirmación de Tennessee Williams "Solo hay tres ciudades en América: New York, San Francisco y New Orleans, el resto es Cleveland". O Cincinnati, ya puestos; total, está a tiro de escupitajo en el mismo estado.

Y tenemos, al fin, esta canción: "Keith Richards' Dead", en la que en vibrante presente punk nos narra algo que nunca sucedió y que, probablemente, nunca sucederá. En resumen: nadie, desde ninguna parte, canta sobre algo que no está pasando. La negación nihilista absoluta del presente.



Y lo hacen, desde una indudable vocación punk, inconfundible en el resultado, pero con unas herramientas escasamente relacionadas con las señas de identidad del movimiento. Musicalmente, aunque enérgicos y alborotados, no suenan ruidosos y destructivos. De hecho, con algo más de pericia técnica y una mejor grabación, podría pasar sin demasiados problemas por un descarte de uno de los primeros discos de Dire Straits. La letra también se aleja de los postulados punk. No exhiben la típica pulsión freudiana de dar muerte al padre (o a referentes, ídolos, mayores, establecidos... tanto da). Al contrario, que Keith Richards muera parece ser un palo gordo. Unos punks raros e interesantes estos tipos.

Realmente, viene todo esto a cuento porque Ian McLagan y Bobby Keys, colaboradores habituales de los Rolling Stones (entre otras muchas cosas, lean en los enlaces anteriores las cosas que han hecho y flipen), han muerto esta semana, mientras que Keith Richards, a pesar de su aspecto de momia del antiguo Egipto, tiene pinta de que no solo nos va a enterrar a todos, sino que compartirá el mundo con las cucarachas tras la extinción de la humanidad.

Siguiendo la retorcida lógica de La canción del viernes, me gustaría que esto sirviese de homenaje a estas dos anti-estrellas del rock que, sin embargo, tanto han aportado a esta extraordinaria música. Aunque, ¡qué demonios!... aquí tienen the real thing...



Ahí está todo; los vivos dados por muertos y los muertos de verdad; el pasado y el presente, El futuro no, que habíamos quedado que no existe, ¿no?

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