La búsqueda de vida inteligente más allá de este satélite de la Luna es un ambicioso, romántico y posiblemente estéril esfuerzo. Pero es natural para la naturaleza humana el buscar compañía. No nos gusta estar solos. Quizás haya mentes pensantes allá, entre las estrellas. Quizás también estén buscando vida inteligente, ansiosas de encontrar un destello de razón en algún punto brillante del espacio. No obstante, un primer paso lógico antes de buscar ahí fuera sería encontrar esa inteligencia aquí.
El mecanismo de orientación espacial de las cucarachas es muy simple y se rige por dos sencillos criterios: la luz y la presencia de otros miembros de su especie. Las cucarachas van a donde no hay luz y hay otras cucarachas. El género humano, a pesar de su supuesta mayor complejidad, parece regirse por similares criterios; si bien, al carecer del carácter fotofóbico de las cucarachas, vamos a donde hay luz. Nos gustan las cosas brillantes alrededor de las cuales se congregan nuestros congéneres. Los centros comerciales, los árboles de navidad y las listas de éxitos son buenos ejemplos de ello.
El que esta especie racional nuestra no sea particularmente racional no debería ser a estas alturas una sorpresa ni una novedad. Aun así, tiene algunas consecuencias algo desagradables. La música, como cualquier otra manifestación cultural humana busca establecer comunicación con nuestros semejantes. A veces, no importa la brillantez del mensaje ni lo bien expresado que esté, este fin no se consigue. Siguiendo la psicología de las cucarachas, si un suficiente número de personas no escucha, nadie va a escuchar.
Tucker Zimmerman, músico dotado y bastante original, es una víctima de este fenómeno. Californiano residente en el viejo continente (Bélgica) desde el principio de su carrera, es autor de una escasa pero sugerente obra musical que ha sido cordialmente ignorada hasta la fecha a pesar de su calidad y personalidad. Dado que todavía no ha sido agraciado/castigado con la operación de mercadotecnia de recuperarlo como "the next big thing from the past" que ya comenté en estas páginas a cuenta del caso de Bill Fay, pueden ponerse la medallita del "yo ya lo conocía" en el improbable caso de que alguna vez sea recuperado de las catacumbas del olvido. Entra dentro de lo posible que la primera cucaracha en llegar a un escondrijo cálido y acogedor también guste de presumir de un estatus especial entre sus semejantes.
Es, como se puede observar, una combinación bastante agraciada y bien resuelta del folk-rock melódico de un Cat Stevens con el rock psicodélico de unos Love, desprovisto del aparato eléctrico y con el enfoque de un cantautor folk más tradicional como Bob Dylan o Leonard Cohen, servido todo ello con un sentido musical exquisito y acompañado de unas letras inteligentes y cargadas de un lirismo muy particular. Son canciones que desde la primera escucha se revelan cercanas y sugerentes, algo realmente raro y que suele ser signo de encontrarnos ante algo grande. Todas estas buenas cualidades no fueron suficientes para llamar la atención. Quizás el personaje carezca del carisma y dramatismo necesarios para una estrella. La verdad es que, ciertamente, parece un tipo bastante normal. El escribir grandes canciones puede no ser suficiente para que sean reconocidas como tales.
Bueno, no es cuestión de hacerse mala sangre con esas cosas. Somos demasiada gente, haciendo demasiadas cosas como para estar al tanto de todo. Al final, la capacidad de decidir lo que se conoce más, lo que se conoce menos y lo que no llega a ser conocido, está en manos de unas cuantas personas que no somos ni ustedes ni yo. Lo que sí está en nuestras manos es reconocer la grandeza de las cosas menos conocidas y no asimilarla automáticamente a su nivel de popularidad, ya sea a nivel general o en un determinado círculo. Liberarse de la lógica de las cucarachas e ir donde te apetece ir puede ser una tarea ingrata y solitaria la mayor parte del tiempo, pero extraordinariamente gratificante cuando uno llega a un sitio estupendo que no sale en los mapas. A los mapas, a las cucarachas y a los árboles de navidad, que les jodan.
Quizás Tucker Zimmerman sea un ídolo de masas en algún lugar entre las estrellas, un lugar donde buscaron vida inteligente en el espacio y la encontraron en unas canciones que no estaban siendo escuchados en su planeta de origen. Como en su canción Alpha Centauri, es probable que en ese lugar midan su vida en años-luz en lugar de en palabras ("And stars are the dust/that float in the sunshine/til man begins to measure his lifetime/in light years/rather than in words"). A lo mejor algún día a través de los años-luz nos llegan finalmente las palabras y encontramos allí lo que no supimos encontrar aquí.

Este es el único texto que he encontrado en el que se hable de Alpha Centauri. Sí, es una canción brillante, así como su nombre lo sugiere y sumamente conmovedora. Estoy feliz de que alguien le haya hecho un poco de justicia. Ahora escucharé el playlist del viernes aunque sea domingo. Saludos desde México.
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