2 de enero de 2015

Actores de carácter. Jerry Fish & The Mudbug Club

Jerry Fish. Un obrero de lo cool
En el cine tienen un reconocimiento específico. Eternos secundarios que por físico, edad, particular carisma, hábito o vocación se ven habitualmente interpretando papeles secundarios pero, aun así, impregnan las películas en las que aparecen de un color y sabor especiales. Muchas veces sus papeles son recordados con más cariño que los correspondientes a alguna estrella. Consiguen, desde la discreción, hacer memorables algunas escenas, robándoselas al figurón de turno.


En la música es diferente. Al margen de círculos especializados, si no eres una estrella, nadie hablará de ti cuando estés muerto. Quizás sea porque la popularidad y accesibilidad del cine es mucho mayor que la de la música. Sí, la música está abrumadoramente presente en nuestras vidas, pero como decorado. Muy poca gente le presta atención realmente y, en consecuencia, solo son recordados los que alcanzan un estatus de estrella.

Muchos artistas se encuentran incómodos en esa posición y hacen todo lo posible por mejorar su nivel de reconocimiento popular, frustrándose si por condicionantes ajenos a ellos –incontrolables por definición– o por algo inherente a ellos mismos (imagen, estilo musical, personalidad) no logran conseguirlo. Otros, por el contrario, se encuentran cómodos en esa posición y hasta consiguen que funcione a su favor. No me refiero a artistas malditos o de culto que, con mayor o menor sinceridad, juegan la carta de estar por encima de esas circunstancias al estar concentrados en su arte, ajenos al voluble capricho del populacho. Me refiero a otra raza de artistas, gente que aprovecha sus cinco minutos de gloria si les llega pero que, en esencia, no les importa demasiado, ya que son conscientes de su posición de artesanos del entretenimiento con la música como principal herramienta. Este distanciamiento del showbisness a gran escala les permite disfrutar de la práctica de su oficio y ejercerlo con gusto.

Jerry Fish, simpático engendro con múltiples reencarnaciones liderado por el cantante de la (bastante olvidable) banda indie de finales del siglo pasado An Emotional Fish, parece ser un buen ejemplo. Después de abandonar la música durante un tiempo volvió con ánimo juguetón, alejado de la irritante afectación de su anterior banda y reencarnado en crooner tropical. Desde Irlanda. Con dos cojones.



Su mimética a la par que libre recreación del personaje y la música que tan bien plasmó Willy DeVille –mimética por ser el resultado extraordinariamente similar, libre por no parecer forzada en ningún momento y estar hecha de otras sustancias– es sumamente disfrutable y trasciende la categoría de mero ejercicio de estilo. El fraseo y la entonación que flotan con chulería –por momentos puede recordar a un Lou Reed con gusto por la melodía– sobre un competente colchón musical de rock and roll de aires latinos y adornado con puntuales pinceladas de jazz o soul, trasmiten con eficacia el elusivo sentimiento de la alegría de vivir, aun tratando temas oscuros como es el caso de esta canción. El personaje es redondo y va más allá de un señor que canta canciones. Tiene algo de teatral, de farsa carnavalesca; un tipo duro con corazón que canta con sorna a las penas y a las alegrías, a las esperanzas y a los desengaños, desde un tiempo y un lugar imprecisos e imaginarios.

Jerry Fish en el papel de canalla adorable y malencarado
Are you talkin' to me? Los tipos duros montan en Triumph

Creo que el señor Fish ha comprendido que su propuesta musical y escénica necesita de la cercanía, complicidad e intimidad con su público para funcionar, que los grandes shows y escenarios no están hechos para cosas así. No desdeña oportunidades para presentarse ante grandes audiencias, habiendo teloneado a U2 o actuado junto a Imelda May, las grandes estrellas hoy en día del rock irlandés, pero su carrera parece cuidadosamente planificada para desarrollarse en ese pequeño formato, casi de cabaret-rock. Un formato que tan buen resultado le dio a alguien como Tom Waits y en el que este Jerry parece desenvolverse bastante bien. Como muestra, una canción:



Esto demuestra que los irlandeses, supervitaminados y supermineralizados con un par de pintas de Guinness, pueden ser lo que les dé la gana, incluso cantantes de rock and roll caribeño armados de maracas. No se me ocurre mejor manera de empezar el año que con algo así, con unas gotas de amarga esperanza que nos ayuden a disfrutar de las nuevas atrocidades que están por venir. Disfrutando de alguien que desempeña con dignidad y convencimiento el viejo oficio de músico, de cuentacuentos.

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