23 de enero de 2015

Fantasías fotocopiadas en technicolor. Shocking Blue

Shocking Blue. Fantasía pop deluxe de otros tiempos
El reciclaje, además de un próspero negocio en la actualidad, es una herramienta básica del progreso humano y de la creación. Emulación, derivación, refinación o pura y simple copia son diversas manifestaciones de ello. Muchas obras a lo largo de la historia de la cultura se han gestado por esas vías, de las más grandes a las más olvidables. Hasta que otro próspero modelo de negocio como la propiedad intelectual se desarrolló recientemente, no suponía ni un estigma ni un problema.


Ahora, sin embargo, si algo recuerda a alguna otra cosa creada anteriormente, pasa automáticamente a ser considerada algo, en el mejor de los casos, de segunda fila. Bien está; no seré yo el que discuta los mayores méritos de la creación libre y completamente original, aunque sí que dudo bastante de que tal cosa exista en la forma más pura que se reverencia.

Las culturas centroeuropeas son particularmente adeptas a este método. Por lo general no son grandes creadores de una originalidad absoluta pero sí capaces de refinar las ideas de otros, aportándoles su propia personalidad; las mejores páginas de Goethe están inspiradas en la cultura grecolatina, las mitologías wagnerianas son de origen escandinavo, Rembrandt exprimió los hallazgos de Velázquez sobre la luz y la composición de escenas hasta sus últimas consecuencias, la base de la música de Mozart es italiana y así sucesivamente. Propulsados por la ética protestante que postula el esfuerzo individual al servicio de la comunidad, alemanes, holandeses o austriacos son algo así como los japoneses de Europa. Esta tendencia también se observa en la música pop, género ya dado de por sí a la copia. Abundan en los pueblos germánicos recicladores de creaciones ajenas, hechas con mayor o menor talento pero, generalmente, con suma eficiencia y disfrutables por el aficionado al género o modelo original.

Los años 70 del pasado siglo fueron una época confusa en la que por el camino que va desde la masturbación virtuosa del rock sinfónico al escupitajo del punk, la música pop perdió la inocencia. Un poco en terreno de nadie, entre la complacencia de unos y la rabia de otros, queda el glam-rock, última manifestación del hedonismo y la inocencia lúdica de la década anterior. Estilística y espiritualmente fue una negativa a aceptar que los 60 habían acabado y un (quizás) desesperado intento de evitar que la fiesta terminase. Es en estas coordenadas donde se sitúa el grupo holandés Shocking Blue, que no pertenecen en absoluto al movimiento glam pero que sí comparten en buena medida el mismo espíritu pop y bastantes referencias musicales y que, de hecho, no dejaban de ser un grupo de los 60 que alcanzó el éxito en la siguiente década.



Reciclar, reciclar. Desde el riff del "Proud Mary" a las psicodélicas melodías folk de Jefferson Airplane, pasando por los ritmos e imagen de los girl groups spectorianos o la milimétrica arquitectura pop de las canciones de Dusty Springfield, todo es reciclado. Toda una apretada destilación de lo mejor de la música pop de los 60 puesta al día por estos aplicados holandeses, cercanos precedentes de otros artesanos del estribillo como fueron Abba que, estos sí, consiguieron un éxito masivo y perdurable con similares armas. Quizás por ser el momento más propicio para ello, quizás por estar menos atados a ciertas tendencias minoritarias, eso poco importa.

Y no es que Shocking Blue no tuvieran éxito en su momento, llegaron a vender decenas de millones de discos y tuvieron un hit de alcance planetario en el 69: "Venus", que casi dos décadas después volvió a saturar el espectro radioeléctrico terrestre en una versión que, en este caso, sintetizaba lo peor de la década de los 80. Por cierto, la canción tampoco es que fuese precisamente original de Shocking Blue (a pesar de que su guitarrista y compositor Robbie Van Leeuwen la firmase como propia sin el menor rubor); era una adaptación de "The banjo song" de The Big 3 (con la gran Mama Cass) que, a su vez, estaba basada en una canción sureña del siglo XIX, "Oh Susana". Letra va, letra viene, unos cambios en la música por aquí y por allá y una canción sudista de la guerra civil americana acaba siendo un hit del petardeo ochentero. Ya les advertí de que esto del reciclaje (cuando no la copia) no era una cosa nueva.

Artefactos de euro-trash pop en technicolor
Nunca te cases con un ferroviario y otros consejos. Coloridos caramelos de autoayuda pop

Sin embargo, hasta las abuelas conocen hoy las canciones de Abba, y de estos Shocking Blue solo se acuerdan los holandeses (en el sentido en que en España nos acordamos de Los Bravos como compatriotas creadores de un hit global) y cuatro nostálgicos de la artesanía pop y la psicodelia tardía. Pero tenían buenas canciones. Recicladas o no, sabían cómo hacerlas. Para mí, las ya citadas "Venus" (a pesar de ser un plagio, darle ese perfecto punto pop a una pieza dixie no me negarán que tiene su mérito) y esta "Never marry a railroad man", junto con "Send me a postcard" forman un trío de ases imbatible para más de un coronado gurú de las canciones redondas. Y aun siendo un grupo de singles, una engrasada maquinaria de facturar pegadizos hits, sus discos de larga duración son bastante disfrutables, sin que el resto de canciones sean un mero relleno para completar el minutaje requerido.

Ese pop colorido y vibrante, energético y pegadizo, vitalista e inocente, sin más pretensiones que pintar una sonrisa en la cara del oyente durante tres minutos, es ya cosa del pasado. Ya lo era en su momento, pero se resistieron a aceptarlo. Fueron de los últimos en abandonar el fuerte y merecen el reconocimiento aunque solo sea por eso; especialmente ahora que la resistencia ha sido sofocada por completo y el frío e inofensivo pop de nenes y nenas monos dominan el paisaje musical.

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