3 de octubre de 2014

Instrucciones para ser punk. Torture By Roses

TBR. Un calamitoso sueño punk con el encanto de la convicción
En estos extraños tiempos de etiquetas y elementos prefabricados todavía hay gente que vive sus sueños con convicción, al margen de todo. De las corrientes, de los manuales para convertirse en lo que uno pretenda ser, de la realidad incluso. Por calamitoso que sea el resultado, esa aura de convicción, de sinceridad, de autenticidad (perdón por la devaluada palabra) acaba por convencer a quienes añoramos otros tiempos, acaso imaginarios, en los que todo parecía más de verdad.


Ser punk, según yo lo veo, no es enchufar la guitarra al pedal de distorsión correcto y arrancarse con un one-two-three-four a hacer una copia más o menos lograda de alguna de las referencias del género. El punk, género iconoclasta por antonomasia, rechaza las imitaciones en su filosofía más básica. "Haz lo que quieras" es el primer y único mandamiento de la biblia punk. Mucha gente lo reinterpreta como un "Haz lo que quisieron otros, que mola". Y es verdad que mola, no voy a ser yo el que lo niegue, lo que sí pienso es que esa cosa-que-mola de segunda mano es un mero placebo, que entretiene durante un rato pero tiene una escasa capacidad de fascinar. Y el punk, o fascina, o acojona o no es punk ni es .

Ser punk puede ser, por el contrario, tener un confuso mundo interior que a nadie importa un huevo y, a pesar de eso, considerar que comunicar por cualquier medio a tu alcance ese mundo interior –de nulo interés para el resto de la humanidad, como queda dicho– es la tarea más importante de tu vida. Quizás dispongas de una guitarra, que acaso no sepas tocar, de algún micrófono y de un montón de cacharros y de cables. Si no los tienes, los pides prestados o los robas. Luego lo enchufas todo y te lanzas de cabeza. Grita, berrea, golpea cosas, pulsa botoncitos que no sabes lo que hacen como si no hubiese mañana, hazle cosas sucias a la guitarra...

Recuerda: es tu sueño y tu mundo. Los sueños siempre son blanditos, no dudes al tirarte de cabeza. La convicción es importante; si la gente intuye que hay red, la cosa no funciona. Una vez llegados hasta ahí, el resto está chupado. El resultado seguramente será bastante desastroso, pero eso no importa. No importa, de verdad. Si has seguido las instrucciones y tenías algo que decir (algo que hemos asumido de entrada que tenías, aunque no interese a nadie), acabas de terminar una obra maestra del punk. Como esta parejita de origen incierto: Torture By Roses. No se esfuercen en buscar página web ni moderneces por el estilo, no las hay. Son la última frontera: el underground del underground.



Apuesto a que han seguido ese manual de instrucciones o uno parecido, seguramente de un modo instintivo (tampoco se trata de sustituir un montón de normas estúpidas por otras). El resultado –algo que objetivamente se podría situar entre lo desastroso y lo abominable– es, sin embargo, fascinante. Quizás por la falta de costumbre. El notar que alguien ha puesto en algo todo lo que tenía, sin escatimar nada, es algo que –a mí al menos– me hace dar vueltas la cabeza. Estos Torture By Roses han puesto toda su fuerza, su ilusión, su incompetencia, su claustrofobia existencial, su aburrimiento suburbano, su pretenciosa angustia arty de pequeña ciudad americana en estas canciones. Cierto que algunas o todas de esas cosas no son loables por sí mismas, pero lo que importa es el inconsciente derroche de todo ello, restregado por nuestras caras sin el menos respeto. La experiencia de escuchar del tirón este onírico disco de sótano suburbial es algo que recomiendo encarecidamente a los que gusten de poner su mente en estados alterados. Ni siquiera hace falta apelar a ninguna sustancia psicotrópica, aunque seguramente pueda ayudar.

El trabajo está publicado en un sello realmente freak a la altura de lo esperado: Perennial, de Olympia (Washington). Aparentemente publican mayoritariamente cassettes; desconozco si por nostalgia, por falta de medios o por algún oscuro principio artístico. Las bellas tierras del noroeste de Estados Unidos son notorias por su enorme número de bosques, de artistillas y de chiflados. Olympia, un pueblucho de poco más de 40.000 habitantes, aparte de ser una de esas engañosas capitales de estado que nunca adivinarías (coño, pues no es Seattle), es una ciudad que ha tenido más días lluviosos durante los últimos treinta años que cualquier otra ciudad en los Estados Unidos. Den las gracias por el estúpido dato a Wikipedia. En fin, con estos condicionantes, no es extraño que a la gente se le vaya la cabeza y le dé por hacer cosas así.

"Indie" de verdad. Artwork de la edición en cassette de TBR
En cassette: con su cara A y su cara B, como Dios manda. Estos tipos juegan duro

Tal vez haya exagerado algo al calificar de desastrosa la canción; las guitarras parecen estar pasablemente afinadas (no así la muchacha que presta su voz al asunto); el guitarrero riff, algo que parece sacado de un disco de los Stooges girando a mitad de revoluciones, es absorbente; la absurda sinfonía de ruiditos de incierto origen electrónico le da ambiente a la cosa y todo en conjunto te arrastra en una hipnótica y alucinada espiral idiota que acaba contagiando un estado de ánimo que supongo que es el que debe tener un tipo rarito al que daban collejas en el cole en un pueblo en el que nunca para de llover.

A mí, después de escuchar la cancioncita un par de veces, hasta me dan ganas de irme a vivir a una cueva y me siento excitado ante la perspectiva de compartirla con la desafinada señorita y frustrado por no poder hacerlo. Estos perturbados individuos que viven en un mundo completamente diferente al mío, dotados de unos medios rudimentarios y armados de un talento insignificante o nulo, han conseguido con su ruido repetitivo, sus alaridos, gemidos y risitas, transmitirme su particular cuelgue. Eso, señores, es el punk.

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