1 de mayo de 2015

Una pica en Corea. Shin Joong-Hyun

Shin Joong-Hyun. Inaudito pshychedelic guitar hero
La música popular desde mediados del siglo XX es la derivada del rock and roll. Algo nacido en Estados Unidos y rebotado a las islas británicas, un fenómeno puramente anglosajón. No es extraño que las estrellas del rock sean, principalmente, estadounidenses o británicas. Esta música, que en la actualidad se ha extendido a prácticamente todo el planeta, primero ocupó los espacios más cercanos por geografía e influencia: Europa y el resto de América.


Aparte de Oceanía –también marcada por su cultura anglosajona– en el resto del mundo (o sea, en África y Asia) la aceptación de este movimiento fue en general más tardía y dificultosa. Como en casi todos los órdenes de la vida, las excepciones realmente ni confirman ni desmienten la regla, lo que hacen es mostrarnos esa otra faceta anómala –y por lo tanto, más interesante– de la realidad.

De entre todos los lugares del mundo, el más refractario bien pudiera ser el extremo oriente. África está mucho más cerca, no solo geográficamente, sino también culturalmente, y el continente negro puede esgrimir credenciales de paternidad sobre una parte de las músicas que dieron lugar a esa nueva música pop global. El blues, ciertamente, tiene raíces africanas –algo menos de lo que la versión más simplista de la historia musical refiere al equiparar el blues a lo africano y el country a lo europeo como padres del rock and roll, y bastante más de lo que el aficionado casual a la música pop piensa–. Por otra parte, hasta tiempos recientes, los contactos de la cultura oriental con la occidental habían sido escasos y conflictivos y ambas tradiciones musicales tienen bien poco en común.

Por eso es interesante el papel del invitado de esta semana, Shin Joong-Hyun, en el desarrollo del rock and roll en Asia, más concretamente en Corea. Por avatares familiares pasó su infancia viviendo en Corea, Japón y Manchuria, lo que quizás contribuyera a darle una perspectiva más completa de las tradiciones culturales y musicales del extremo oriente y una sensibilidad receptiva a incorporar otras. De vuelta a Corea con 14 años y huérfano, tiene que buscarse la vida, pero encuentra tiempo para aprender a tocar la guitarra de un modo autodidacta, lo que le dará la posibilidad de encontrar un trabajo como profesor de música. Parece ser que el joven Joong-Hyun era un talento natural dado lo meteórico de su carrera; en cinco años pasa de no tener ni idea de música ni de guitarra a dar clases y destacar lo bastante para conseguir un trabajo tocando en bases americanas,

Y eso es lo que lo cambia todo. Las tropas americanas llevaban su música consigo, el jazz, el rock and roll, el country o el blues... Joong-Hyun, como tantos otros jóvenes en otras partes del mundo, cae hechizado ante el poder de esa nueva música y se convierte en el padre del rock coreano, destacando como compositor, productor y guitarrista asociado a toda una nueva generación de músicos y artistas de la que él es la figura más destacada y referente. Entre finales de los 50 y mediados de los 70 desarrolla una frenética y fructífera carrera en la que toca casi todos los estilos por los que la música americana pasa; rock and roll, blues-rock, rock psicodélico... Escúchenlo aquí, dándole con ganas y salero al rock ácido a principios de los 70.



Es cierto que el reloj de Shin Joong-Hyun parece llevar tres o cuatro años de atraso. En 1972 estaba haciendo lo que Iron Butterfly o Jefferson Airplane estaban haciendo en el 68 o el 69. Esto es, probablemente, parte del precio a pagar cuando se es un pionero en terreno extraño. A cambio, aporta una inocencia, una frescura y un aire propio que muchas bandas de San Francisco que se subieron al carro cuando pasaba por delante de sus narices no podían ni adivinar –la copia hecha meses después no es menos copia que la copia hecha años después–. Joong-Hyun, en efecto, no se limita a la mera copia e incorpora detalles y sensibilidades propias de la música popular oriental a un modelo (la música rock) que parece estar diseñado para eso, para vampirizar otros estilos incorporándolos a su esencia. Blues-rock de procelosos desarrollos instrumentales (los 15 minutos de "J Blues 72"), folk-rock de aires hippies y placidez de campo de arroz ("The Sun"), largas piezas de rock psicodélico (incluida la, dicen, legendaria versión del "In a Gadda da Vida") o hard-rock primitivo ("I've got nothing to say") se suceden en un fascinante catálogo de ingenuas (en el buen sentido) viñetas de música intercontinental ejecutadas por múltiples grupos y artistas bajo su guitarrera batuta.

Esa intrigante carrera es un curioso fenómeno que solo recientemente ha podido ser estudiado en profundidad con la publicación del recopilatorio definitivoThe psychedelic rock sound of South Korea's Shin Joong-Hyun 1958-1974– sobre la obra de este músico que recoge muestras de su trabajo a lo largo de todos esos años. El apodo de "Hendrix asiático" o que Fender haya creado una Strato "Custom Shop Tribute" en su honor (la sexta tras las de Clapton, Beck, Hendrix, Van Halen y Stevie Ray Vaughan) son cosas que probablemente tiene más que ver con la hipérbole intrínseca a los pioneros escasamente conocidos y con la pretensión de venderles guitarras carísimas a las emergentes clases de nuevos ricos de oriente que con otra cosa. Pero algo queda, algo hay... Las leyendas pueden surgir de intereses mezquinos, pero sin méritos que las avalen no podrían llegar a establecerse.

No solo su fulgurante ascensión es legendaria. En los tiempos modernos que vivimos en los que se nos inculca que todo es transitorio, la derrota del héroe puede y debe formar parte de la leyenda, especialmente si es debida a algún rasgo de nobleza por parte de este. Joong-Hyun se negó a escribir una canción en honor del todopoderoso mandamás del momento, Park Chung-Hee, y consecuentemente su música fue prohibida por vulgar y ruidosa y él personalmente sometido a un constante y fastidioso acoso hasta ser finalmente detenido (por "relación con la marihuana", sea lo que sea eso). Hasta la muerte del despechado presidente tuvo prohibido actuar, pero su teórica rehabilitación no le sirvió de mucho ya que para entonces las modas habían cambiado y este tipo de música había dejado de ser popular, dejando paso a modelos musicales más blandos y frívolos. Desde entonces la música que domina Corea es un almibarado pop que, según él, solo trata sobre "trabajar duro" o "ser feliz", los lemas de la nueva e hipercapitalista Corea del Sur, carentes del espíritu y la humanidad de la música que él había contribuido a forjar.

Triste pero digno final para un héroe retratado como trascendental, vencido en dura lucha por el totalitarismo, la frivolidad y las deshumanizadas modas: justo la sustancia de la que están hechas las leyendas. Para despedirle, nada mejor que una de sus escasas filmaciones en directo, correspondiente a una película donde se le ve en su papel de Hendrix coreano, maltratando con sentimiento el wha-wha y demostrando que por encima de hipérboles e interesadas historias de veracidad difícilmente comprobable a estas alturas, era un músico capaz y con gusto. Que no es poco.



Hoy –primero de mayo, día del trabajador– en la vecina República del Pueblo, sonarán aburridas marchas militares glorificando a su Amado Líder. Tal vez les fuese mejor si acortasen un poco la falda del uniforme de las señoritas del glorioso ejército popular y estas desfilasen al son de los psicodélicos blues de Shin Joong-Hyun: pionero, disidente, héroe, guitarrista... Leyenda.

2 comentarios:

  1. Impresionante documento sonoro!!! Y, como siempre, muy pertinente y adecuado al momento. El tipo no esta nada mal. Calidad a raudales.

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  2. La canción del viernes no conoce de vacaciones ni de puentes ni ná de ná. Siempre a la búsqueda de rarezas con intríngulis y tipos de la cara B de la vida. Lo hago con la secreta esperanza de que esto, de alguna manera, sobreviva al próximo fin del mundo y los pardillos historiadores del futuro piensen que esto era lo que se escuchaba en mis tiempos.

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