24 de abril de 2015

Tormentosos blues del más allá. House of Freaks

House of Fraks, clandestina pareja de ases del rock americano
El hecho de llegar el primero a algún sitio no siempre es garantía de recibir el reconocimiento por ello. Alguien puede llegar más tarde y reclamar, ellos mismos o el desinformado clamor popular en su nombre, tal honor. Realmente poco debería importar el quién llega primero a algún recóndito lugar de la cultura popular, sino lo que se hace una vez allí. Sin embargo, la etiqueta de pionero –merecida o no– pesa bastante a la hora de atribuir méritos y ganarse un lugar en la historia.


Así para muchos, Led Zeppelin –o peor aún, Gary Moore– inventaron el blues. Dejemos que lo crean, eso no afecta a sus méritos, ni a los de otros más merecedores de lucir tal etiqueta. Simplemente hace que la atención que reciben sea mayor o menor y por méritos mejor o peor atribuidos. Las canciones siguen siendo las mismas.

Un terreno especialmente dado a este tipo de equívocos es el de las formaciones (y formatos) musicales, especialmente cuando la obra de un artista de éxito se identifica estrechamente con un formato particular e inusual. Incluso en contra de la insistencia del artista en cuestión, este puede quedar en el imaginario colectivo como el "inventor" de tal conjunción de instrumentos. Algo difícil de comprobar y, en el fondo, bastante poco importante si se piensa bien.

Un ejemplo bastante simple y evidente es el de White Stripes, dúo de guitarra y batería que alcanzó un notable éxito a principios de este siglo y que cargaron con la etiqueta de ser los creadores de ese tipo de formación, a pesar de citar algunos precedentes en multitud de entrevistas confrontados con la cuestión. Desconozco si en alguna ocasión nombraron a estos House of Freaks, pero el hecho de ser un dúo formado por un guitarrista y un batería/percusionista y ser anteriores es algo cierto y evidente. Escuchen si no lo que estaba sucediendo en Richmond, Virginia, en 1988.



Esta canción, "Black Cat Bone", es un buen ejemplo de su estilo: una extraña mezcla de blues y rock and roll primitivo electrocutada por elementos de rock más afines a la época y lugar en la que se realizó. En efecto, son unos parientes raritos de aquello que se dio en llamar Nuevo Rock Americano, una corriente revival de amplio espectro que ponía al día a clásicos de todo tipo, desde los Byrds o Neil Young a Velvet Underground, manteniendo vivo el rock de guitarras en una época un poco complicada para ello como fueron los años 80 del pasado siglo. R.E.M., Dream Syndicate, Green On Red, Long Ryders o Giant Sand fueron algunos de los artistas más destacados dentro de este heterogéneo grupo, más una etiqueta creada por la prensa que un movimiento real. En su gusto por la melodía, aun en un contexto fundamentalmente rítmico, quizás se adivinen también ecos del rock australiano del mismo periodo, sonando en algunos momentos en unas coordenadas similares a las de unos primerizos Hoodoo Gurus. Esto, más que a una influencia directa o a una cercanía generacional es probable que se deba a una afinidad en las herramientas y los objetivos. Un caso de lo que en biología se llama evolución convergente aplicado a la música pop.

En esta canción hacen un buen aprovechamiento del formato minimalista, dando mucha importancia a la parte percusiva (algo en lo que se diferencian radicalmente de White Stripes y otras encarnaciones modernas del formato). El contundente ritmo, que puede recordar al Bo Diddley más selvático, hace bastante más que marcar el tiempo –el triste destino a que ha quedado reducido el papel de la batería en gran parte del rock moderno–, estableciendo un fluido diálogo con la guitarra y reclamando un protagonismo inusual en la música pop actual. Puede que lo más llamativo sea el concepto de la formación guitarra-batería, pero lo importante es cómo le sacan jugo a ese concepto. Tocar sin bajista es algo que cualquier grupo de rock ha experimentado en alguna ocasión. No es raro que el bajista, por ejemplo, no encuentre el camino al local de ensayo, o bien que sea noqueado por el batería durante un intercambio de pareceres sobre qué es y para qué sirve un compás y que, por lo tanto, se tengan que apañar por un tiempo sin él. La cuestión es lo que se hace entonces.

Y es que House of Freaks eran algo más que un concepto más o menos inusual. Eran dos músicos con una solvencia y un gusto por encima de la media. Bryan Harvey era un cantante de rock bastante notable (con los dos términos subrayados: cantante y rock... nada usual disfrutar de ambas cualidades juntas) y un guitarrista realmente personal. Johnny Hott, por su parte, era un discreto virtuoso de la percusión, capaz de sacar nerviosos e hipnóticos ritmos de cualquier cachivache a su alcance y dotado de un sentido musical inusual en los de su especie. Armados de una clara voluntad de permanecer fieles a unas ideas que no eran, quizás, las más apropiadas para acercarse al éxito, se mantuvieron en un discreto segundo plano durante toda su carrera. Otros de tantos condenados a la serie B por circunstancias ajenas a su talento o a la calidad de sus trabajos.

Lo más cerca que estuvieron del éxito (dentro, eso sí, de una rama de la música rock que no es exactamente mayoritaria) fue como integrantes de Gutterball, supergrupo de rock alternativo que congregaba –además de a ellos dos– a Steve Wynn (Dream Syndicate), Stephen McCarthy (Long Ryders) y Bob Rupe (The Silos). Un grupo que, al contrario que otras agrupaciones de este tipo, iba bastante más allá de la coyuntural juerga de amiguetes y cuya producción está, cuanto menos, a la altura de lo hecho por cada uno de sus miembros en sus grupos de origen. Aunque no sea estrictamente el grupo al que está dedicada esta canción del viernes, creo que es una digna despedida de esta entrega y una rara oportunidad de ver en acción a los miembros de este dúo.



Un black cat bone (hueso de gato negro), dicho sea de paso, es una especie de amuleto vudú, que da nombre a algunos blues (destacaría el de Lightin' Hopkins y el de Harding "Hop" Wilson, interpretada esta entre otros por Albert Collins). Entre sus poderes más notorios está el de producir invisibilidad, conseguir la fama y atraer a la persona amada. Como se puede ver, algo que deja al clásico mojo a la altura de una triste pulsera magnética de teletienda; se dice que John Lee "Sonny Boy" Williamson (el Sonny Boy original) se benefició de este oscuro talismán y así consiguió el éxito. Quizás, aunque no esté documentado, el hueso del pobre bicho (que ha de ser hervido vivo para conseguir el preciado amuleto) sirva también para comunicarse con los muertos, cosa que no vendría nada mal en este caso. Bryan Harvey fue asesinado junto a su esposa y a sus dos hijas pequeñas en una absurda matanza el día de año nuevo de 2006 y fue precisamente su compañero de grupo el que hizo el macabro hallazgo de los cuerpos.

Tal vez desde el más allá siga tocando esos viejos blues confundidos con rock ácido que tan bien se le daban en el reino de los vivos. Mejor que eso quede en el misterio. Dejemos en paz al lindo gatito y recordemos lo que Bryan hacía cuando estaba entre nosotros; tiempo habrá de disfrutar del blues de los muertos. Y es que, pensándolo bien, vamos a pasar mucho más tiempo muertos que vivos. Al tiempo.

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