29 de mayo de 2015

Rastros insólitos. Dr. Strangely Strange

El doctor extrañamente extraño, simpático club de chiflados
A partir de un conjunto finito de notas, se pueden construir un número casi infinito de combinaciones musicales. Las más o menos explícitas reglas que afectan a la melodía y la armonía, limitan en cierta medida las combinaciones viables, y los usos y costumbres que gobiernan los estilos musicales hacen que, en la práctica, las combinaciones usadas sean bastante menos. Aún así, las posibilidades de ritmos, melodías y estructuras que tiene un músico a su disposición son enormes.


Uno de los elementos que no se suele considerar en la clasificación de las músicas es la personalidad –llámenlo espíritu si se han levantado un poco místicos–, algo que no necesariamente va ligado al estilo musical. En el mundo anglosajón, usan a veces el término mood, que se puede traducir por el estado de ánimo (el de la propia música o el que el oyente presuntamente adoptará al verse expuesto a ella), un aspecto que por lo general se ignora en la tradición latina, pero que tiene su importancia.

Dentro de un estilo musical, es normal que se repitan determinados elementos, es algo que va ligado a unas determinadas reglas, sin la obediencia a las cuales no cabría etiquetar a dos piezas musicales como pertenecientes al mismo estilo. La cosa se complica un poco más si atendemos a eso que antes he llamado espíritu o personalidad, ya que puede que músicos o temas adscritos a estilos muy diferentes (y, por tanto, sujetos a diferentes reglas y usos) pueden compartir el mismo espíritu. Y resulta curioso comprobar que, también atendiendo a ese criterio, se pueden encontrar similitudes, rastros insólitos que identifican elementos similares en músicas muy diferentes.

Dr. Strangely Strange fue una banda irlandesa de folk, en la que –como su propio nombre sugiere–, por encima de su adscripción folkie y jipiosa, pesaba el ánimo de lo extraño, la vocación de usar elementos inusuales para conjurar un estado de ánimo... extraño –realmente es el término más adecuado y siento que vaya a tener que usarlo con tal profusión... pero han empezado ellos, que conste–. Estrechamente emparentada con la Incredible Sting Band, con la que compartían manager y productor, además de estilo, se puede decir que fueron una versión de serie B (sin que ello suponga una crítica) e irlandesa de estos. Las similitudes son evidentes y, por tanto, no demasiado interesantes. Lo que es interesante es constatar ciertos elementos curiosos que podemos encontrar en otros artistas de estilos muy diferentes pero con los que comparten su tendencia a la extrañeza. Escuchen la marciana historia del doctor oscuro y el doctor extraño:



Nada más empezar nos encontramos con una progresión sospechosamente similar a la usada casi veinte años más tarde por otros amantes de lo retorcido y extraño –los Pixies– en "Where is my mind". Poco tiene que ver el folk progresivo con el pop ruidoso y minimalista y, sin embargo, ahí está la misma secuencia confundiendo nuestro ánimo. A pesar de ser este el elemento más fácilmente reconocible en otras composiciones de todos los que se pueden rastrear, no creo que nos hallemos ante un caso de plagio; la progresión es lo bastante básica para que se le pueda ocurrir a un buen número de personas y este oscuro grupo hippie irlandés parece estar fuera del abanico de influencias del orondo geniecillo de Boston, es probable que ni siquiera supiese de su existencia. Lo que los emparenta es la intención, ese elusivo espíritu trastornado, que hace que usen un mismo elemento al alcance de todo el mundo con parecidos efectos.

Pero no es el único rastro de ese espíritu extraño que podemos encontrar. La estructura, por ejemplo, también es bastante inusual, combina diferentes partes con fragmentos hablados que sirven de introducción o transición; es una estructura bastante parecida a la que habían usado los Who en "A quick one while he's away", una opera-rock condensada en una canción. ¿Es esto una opera-folk? En ese caso es probable que sea la primera y, acaso, única opera-folk de la historia. Y a pesar de las diferencias de estos bucólicos muchachos con un fiero grupo de rock, se transparenta un mismo estado de ánimo, una voluntad de sorprender al oyente apelando a lo inusual y lo absurdo usando elementos similares.

Terminaré el rastreo de trazas de lo extraño con un último paralelismo (se me ocurren al menos dos más, pero me ciño a los más evidentes). La melodía y el fraseo en algunas partes también contiene ese elemento extraño que va más ligado a la vocación extravagante y la mentalidad alterada que al género musical. La música folk usa por lo general elementos musicales bastante básicos, ya que su voluntad es hacer llegar el mensaje o la historia a un gran número de gente, a esa abstracción de la totalidad que es el pueblo. Aquí, sin embargo, encontramos frases musicales más emparentados con las vanguardias experimentales o el atonalismo jazz que explora, por ejemplo, la musicalidad inherente al lenguaje hablado que con los modos musicales tradicionales. Quizás el artista que ha combinado con más acierto esos elementos imbuido de ese espíritu extraño es Frank Zappa y, en ciertos momentos, pueden parecer una versión bucólica y pastoral del genial chalado de Baltimore, al menos en la sensación que trasmiten de "ahora voy a hacer algo raro de narices, y además va a quedar bien, aunque no te lo creas". Y lo hacen, sobre todo Zappa, claro.

Así, toda una colección de indicios extraños apunta a una hermandad clandestina, un club secreto de chalados decididos a trastornar el mundo. Estos Dr. Strangely Strange quizás fueron una célula menor, un comando más de esa organización, practicantes de un inofensivo y delicioso terrorismo musical que, en su caso, no logró conmocionar a las masas en la misma medida que otros... pero se agradece la intención, por supuesto. Esperemos que otros continúen la lucha.

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